HIMNO DE LOS DURMIENTES


En 1894, Salomón Guggenheim, desde su cómoda sala en Nueva York, observa las imágenes fotográficas en tonos ocres de un pequeño poblado en México, el cual tiene un nombre impronunciable (Villa de nuestra señora de la Asunción de las Aguas Calientes). En ellas, observa la posibilidad de colocar su nueva empresa metalúrgica.

El respetable señor Guggenheim al ver dichas imágenes y aprovechando las oportunidades que el presidente de la Republica Mexicana (Porfirio Díaz) ha otorgado a empresarios norteamericanos para invertir en México, resuelve colocar dicha empresa y se pone en contacto con el gobernador del lugar; Alejandro Vázquez del Mercado.

El señor gobernador del pequeño poblado, vislumbra la oportunidad de conformar un gran negocio, por lo que decide otorgarle al empresario norteamericano el derecho de explotación industrial en las minas de Tepezalá y de un extenso terreno a las afueras del poblado en cuestión. Para el señor Vázquez, la llegada de esta industria metalúrgica, permitirá concretar su discurso entorno al progreso, le ofrece la oportunidad de hablar de desarrollo para los habitantes de “La Villa” y de hacerles ver que a partir de ese momento serán parte de la llamada modernidad.

Ambos, deciden llevar a cabo un contrato en el que estipulan las condiciones para dicho acuerdo. Entre otros aspectos, se pacta lo que el artículo 10 menciona:

Articulo 10
Si los terrenos ó las aguas que la Empresa ha de utilizar, fueren de propiedad particular, queda facultado para adquirirlos contratando libremente con los respectivos dueños. En caso de que no se llegue á un avenimiento, la Empresa tiene el derecho de pedir ante el Juez de lo Civil y de Hacienda, la expropiación por causa de utilidad pública. Esta se tramitara de acuerdo a lo establecido para casos semejantes por el contrato celebrado entre el Ministerio de Fomento y la Compañía Limitada del Ferrocarril Central Mexicano, en su artículo 31 que en lo conducente es como sigue:

VI.-Si para los reconocimientos y trazos fuera necesario destruir o derribar en todo ó en parte, árboles, magueyes ú otros obstáculos, la Compañía podrá hacerlo… (Contrato celebrado el día 15 de abril de 1894)

Como es observable, desde la perspectiva del señor Gobernador, los árboles son solo “obstáculos”, que si el empresario decide talar y dejar que se pudran, podrá hacerlo con su pleno consentimiento. Por su parte el señor Guggenheim como buen empresario capitalista identifica que los supuestos despojos necesarios para la construcción de las edificaciones para la fundición, no son solo basura, sino que por el contrario, son recursos que puede utilizar para su beneficio.

En este sentido, decide que la gran mayoría de ellos pueden ser útiles para conformar las bases de las vías del ferrocarril que necesita construir para hacer llegar su producto manufacturado a los Estados Unidos. Los árboles son talados y cortados de forma que pudieran servir a sus propósitos. Bajo la premisa de la razón como instrumento central para el progreso de la humanidad que definen a las matemáticas y con ellas a la geometría como la forma más pura donde la razón se demuestra. Los árboles con sus formas azarosas y orgánicas no son adecuados a los propósitos prácticos que la industria requiere. Es por ello que se decide hacer con ellos, rectángulos rectos que soportarán las pesadas vías necesarias para el transporte ferroviario.

Los ahora rectángulos de madera son denominados “durmientes”, por su parecido en tamaño y forma a una persona en reposo, y porque son colocados sobre el suelo en posición horizontal, enterrados y cubiertos de residuos industriales tóxicos, que la empresa generaba regularmente. Material que tal y como se hizo con los árboles talados, no constituyen basura, sino un material que representa una oportunidad para el desarrollo de su empresa.

La instalación de dicha empresa en el pequeño poblado, representó un gran éxito para sus dueños y se convirtió rápidamente en una más de las estrellas que brindan un considerable bienestar económico a los que en un futuro no muy lejano se convertirían en los dueños de las cadenas de museos de arte contemporáneo más importante del planeta. Por el contrario, para los habitantes de la “Villa de nuestra Señora de las Aguas Calientes” (ahora Aguascalientes) la instalación de dicha Compañía representa un claro ejemplo de lo que podemos llamar “Ecocidio”. Miles y miles de árboles talados, sobreexplotación de los mantos acuíferos y millones de litros de agua contaminada por los procesos industriales de la fundición de plomo, enormes cantidades de agentes contaminantes expulsados al aire por las múltiples chimeneas y miles de toneladas de residuos industriales tóxicos (ahora conformados como piedras) que fueron arrojados en la superficie de dicho estado. Bajo nuestra perspectiva, después de varios años de profunda investigación, lo que significaba que los habitantes del pueblo de Aguascalientes entraran por la puerta magna en las grandes esferas del desarrollo económico, representa ahora la cara más horrenda de lo que es el “progreso”. Esas vías del ferrocarril construidas sobre los miles de árboles talados (durmientes) es solo un atajo a una muerte segura por alguna enfermedad relacionada con los múltiples agentes contaminantes que existen aún en esta ciudad después de más de 100 años de su instalación.

Esos “durmientes” son en esencia participantes coaccionados de las transformaciones que este pueblo sufrió. Son espectadores que hasta ahora, sólo han podido atestiguar con su silencio. Ayudarles a hablar resulta entonces, justo y necesario.




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